Es el eco del existir, la voz del silencio, de esa Intensidad "Vida,instante,tiempo". ..SENTIMIENTOS.. Que encienden y avivan la razón del corazón... "EL SITIO DE MI RECREO"... "No hay dos iguales... SINO DOS QUE SON SOLO UNO"....

sábado, 24 de noviembre de 2012

EL ENCUENTRO CONTIGO...




Toda tú llenas  mis espacios
te moldeas sobre mi corazón,
 tú presencia... Tu esencia, 
traspasa mis sentidos, 
 y el umbral de mi sentir 
tatúa cada espacio de ti en mi.



Aquella mañana me levanté muy temprano para ver el amanecer, y  buscar en los confines del cielo el rostro de ella, mi ¡hermosa!,  con el alma apagada, y un tanto inundado en la nostalgia de no tenerla  conmigo, de sentir haberla perdido, buscaba la luz de sus ojos, y sentir con el viento su esencia que en silencio rozará mi rostro, buscaba poder sentirla en mis adentros, y lograba traerla a mi  en la abstracción del pensamiento,  ante tal deseo, y queriendo profundizar en medio de mi soledad y mis silencios, tome el automóvil y  salí de casa,  me dirigí sin rumbo fijo sobre la carretera,  solo conducía sin sentido en un  mar de pensamientos, sin mas   llegue a un lugar que sentí se compenetraba a mi estado de animo, era una planicie   boscosa y estaba matizado con una neblina muy densa, me orille y deje el automóvil a un costado de la carretera,  sin pensarlo me interne en ese lugar ubicado un tanto lejano de la casa y de poco en poco fui descubriendo que ahí donde me encontraba era un lugar totalmente atrayente y majestuoso. 

Era hermoso poder sentir la brisa húmeda que con el viento golpeaba mi cara, me detuve por un momento, a observar estoico el lugar,  me despoje del calzado, tenia la necesidad de conectarme plenamente con el sentir de la naturaleza y poco a poco así descalzo me fui introduciendo hacia el centro del lugar, me inmutaba  sentir la humedad  en la planta de mis pies y mientras caminaba solo se oía el eco del viento en medio de la serenidad. 

Las nubes se iban pintando de color rojizo y pasaban paulatinamente de un amarillo a un rojo-anaranjado según se acercaba la salida del sol, lo que placía un gran espectáculo. Conforme avanzaba, el trinar de los pájaros se escuchaba cada vez más intenso, algunos cruzaban discretamente el cielo,  mientras el sol salía por el horizonte y comenzaba a bañar de su intensa luz la planicie en la que me encontraba, el ambiente impregnaba los sentidos con ese olor característico a hierba mojada que me provocaba respirar lento, y profundo, mientras mis pensamientos hurgaban en su  interior trayendo la imagen de ella,  su rostro, su silueta surgía,  penetraba mas y mas, e iba sintiendo poco a poco esa conexión de si,  en mi.
  
El ambiente era de quietud, de un silencio casi total, interrumpido acaso por los cánticos de las aves, el volar de las mariposas que revoloteaban sin cesar entre las flores y el pastizal, el movimiento de la cúpula de los árboles se movían al ritmo del viento trayendo con ello una leve musicalidad, pero en realidad nada perturbaba la complacencia de poder escuchar y sentir el sonido del silencio apacible que reinaba en ese momento.

No existía el tiempo. Si acaso el sol seguía su curso retozando entre algunas nubes, pero no había tiempo, todo estaba estático, todo era tranquilidad, todo estaba en paz, en armonía y aquella paz empezó a penetrarme por los poros de la piel, a través del aire que respiraba, del viento que golpeaba mi cara, y la humedad densa de la neblina que en medio del  ambiente me envolvía esa mañana.

Seguía invariablemente contemplando aquel hermoso amanecer mientras alguna ave cruzaba el cielo calladamente y al seguirla con la vista me permitía contemplar la amplitud del horizonte, los árboles majestuosos, la maleza, el pastizal,  todo en quietud que invitaba a respirar hondo, profundo como para llenarse de ese frescura que envolvía cada fibra de los sentidos, los cuales fluían desde dentro como queriendo expandirse al infinito. 

De repente sentí la necesidad de comunicarme conmigo mismo, con mi interior, con todo aquello que anhelaba y que podía percibir a través de los sentidos.

El momento transcurre sereno para mí… De quietud se tiñen los instantes, un viento fresco surca en mí alrededor y todo me invita a mirar con la elocuencia de mis ojos,  la ventura de este encuentro de la naturaleza, con el amor, con la vida misma.

¡Callo!…  Cierro los ojos,  solo deseo conectarme, reconciliarme con lo que me rodea entre los secretos de la naturaleza ….

Entonces comenzó a brotar del fondo de mí ser,  una resonancia muy suave, podía escuchar los propios latidos de mi corazón y mi incesante respiración que compaginaba con el esplendor y la sonoridad tan suave del propio lugar,  era increíble pero  surgía de mi como un desprendimiento, que aliaba una conexión de dos almas en su encuentro, placía a través de los aromas, a través de la espesura de la neblina y la ligereza del   viento.  Minaba en ese instante  la  sensación de poder sentir la esencia de mi hermosa,  su calor, su respiración, el rose de sus manos que llegaba como una invitación.

Me di cuenta que en ese momento no había nada, solo una luz muy intensa que penetraba mi cuerpo, que me abrazaba, el tiempo no transcurría, me había fundido en el increíble paisaje y me encontraba inmerso en un estado aletargado,  no solo por aquel apacible amanecer sino aun mas,  por esa sensación sublime del amor que en ese momento me conectaba,  me inundaba en un estadio en el que,  el sentir estaba mas allá de la elocuencia y el devenir de las sensaciones, los pensamientos y los deseos, mas allá de  lo posible y de lo creíble y que nunca pude haber siquiera imaginado. 

Fue un momento tan sereno y majestuoso, me sentí vivo, sentí la grandeza y las bondades del amor,  las bondades de la naturaleza que conjugadas me daban ese halo de vida que necesitaba... Fue entonces cuando descubrí  la grandeza de lo divino en la grandeza del amor. Aquello que va más allá de toda instancia de lo corpóreo… Y trasciende a un plano dimensional del alma con el propio ser.

Una visión peregrina vino a mí, era ella la vi en mis adentros, y  sentí  como si fuera  el tierno regreso a los brazos de lo natural… Su esencia lo transformaba todo, sin más pude percibir que  me cubría con su manto, la alegría es inmensa, indescriptible, y un sollozo inesperado me arranca una sonrisa de mis labios… Sentí la grandeza de renacer en el brillar de un nuevo sol… Era su luz, su propia luz que llegaba y se establecía.

Empezaban a intensificarse esos destellos de luz en mi interior, eran cada vez más vivos y  caía rendido mi pensamiento y mi sentir ante esa presencia que vislumbraba…. Su manso amor me abrazaba en silencio y acariciaba mi alma en el mutismo de la soledad… Si, era ella, mi ¡hermosa!, estaba conmigo, podía sentirla… Sentir su respiración, sentir esa vibración que surgía desde raíz, desde la madre tierra que indisoluble me conectaba con ella… Era un evidente desprendimiento que me invitaba a explorar lo que hay en el ser y por dentro de él mismo, en la comunión espiritual con el todo. 

Así, me dejo llevar y transito por los senderos silenciosos, solitarios del alma,  que me dicen que no deje de sentir su calor, que no deje de escuchar su voz,   me invita a sentir todo lo que siento, a percibir el ritmo de su corazón que junto al mío forman esa conexión de amor, palpita, late tan intenso como queriendo salir,  la mocedad de nuestras almas  se vuelven, se hacen una con la brisa del viento, con los aromas de las flores que levitan, con los rayos del sol que como mansedumbre abraza, nos brinda su calor y todo lo que siento es impetuoso… 

Estoico estoy  y me siento traspasado por el misterio que se esconde; no veo, no importa, pero puedo percibirlo y sé que está aquí conmigo,  la vivo en mi interior tan intenso que todo cuanto fluye es la esencia suya que me acompaña y asila mi sentir... 

Lo sé… Pues con cada respiro que doy, con cada mirada percibo la vida palpitante, y en ella nuestras almas limpias, cristalinas y  jubilosamente conectadas. 

TU...YO

Pude vislumbrar que la bondad de la naturaleza acunaba su sonrisa…  Y la paz traspasaba su mirada. Pude sentir su amor reposado entre la nostalgia y la calma, oír en la idiosincrasia de la naturaleza mensajera… Su propia voz, si, pude sentir su esencia plena que traspasando distancia y planos dimensionales llegaba, acariciaba mi alma y se establecía en mi interior llenando etéreamente cada espacio con  resplandor. 

Pude sentir que el aroma y el transmitir  de la naturaleza es la esencia de la vida envuelta en armonías de amor que se conecta con todo y mientras esa naturaleza divina me envuelve en su quietud aletargada, mi felicidad fue custodiada por la fragancia de una flor,  era una rosa hermosa,  la mas hermosa que mis ojos pudieran ver como si fuera un augurio de su estancia conmigo, de su esplendor, el esplendor de ella, de mi hermosa que inmaculadamente palpaba mi interior. 

El  aura de esa planicie  boscosa   intensifico en mi las percepciones, sentí como se avivan los aromas, el musitar de las flores, el canto del viento al amor,  aquel amor  de la dulce espera mía; aquel amor que vive en mi interior, que mira a los ojos en silencio, que habla en silencio y en el silencio se conecta alma con alma proyectando en un hálito de vida,  esa esencia mística del ser,  en el ser mismo, en el ser con y para el amor. 

Supe en ese momento que no estoy solo,  un ángel me cuida, ella vive conmigo, es su luz que resplandece en mi interior, me inunda con su fuerza, me cobija en su amor, ese amor  que traspasa toda instancia, todo tiempo, todo ser, todo amor... 


Josmar Trejo A.
(26/03/2012)